miércoles, 4 de abril de 2018

EL CARRO SEGÚN JULIETE SHARMAN-BURKE Y LIZ GREENE

Tarot Mítico - Tricia Newell

Juliete Sharman-Burke y Liz Greene publicaron en 1.986 “El Tarot Mítico” (editorial Edaf), una propuesta sumamente original sobre el recorrido de la carta del Loco a través de los distintos Arcanos. El enfoque de este libro es la asociación de cada una de las cartas del Tarot con los mitos griegos. Además, el libro viene acompañado por una hermosa baraja ilustrada por Tricia Newell.
En esta ocasión, os presento el capítulo dedicado al Arcano VII, El Carro, en el que las autoras recrean el mito de Ares. Primero, una breve descripción de la carta y su simbología a modo de introducción, después la recreación del mito.

“La carta del Carro retrata a un hombre hermoso y viril, con un pelo rizado de color castaño rojizo, los ojos azules y la tez colorada, conduciendo un carro de guerra de bronce y una túnica roja como la sangre. En su cadera hay un escudo de bronce, y en su costado se balancea una gran lanza. Él empuña las riendas de los dos caballos, uno blanco y otro negro, que tiran hacia direcciones opuestas ante él. El camino polvoriento por el que viaja serpentea hacia un paisaje rojizo, como un desierto, mientras que el cielo amenaza con una tormenta inminente.


El paisaje desértico que atraviesa Ares carece de agua: una imagen de la falta de sentimiento y comunión en la que prosperan los impulsos agresivos. Ares y Afrodita no se han atraído aún mutuamente, como quiera que los instintos de lucha y de unión están de algún modo secretamente relacionados.
La lanza de Ares es el símbolo tradicional de la masculinidad: una imagen del poder fálico y de la potencia, tanto en los hombres como en las mujeres.
El caballo negro y el caballo blanco, como las dos columnas en la carta de la Suma Sacerdotisa, reflejan la potencialidad, tanto para el bien como para el mal, contenido en el instinto agresivo”.

“Aquí encontramos a Ares, dios de la guerra, que, según la mitología, fue concebido por Hera, reina de los dioses, sin semen masculino. Como dios de la guerra, Ares disfrutaba peleando. Sus dos escuderos, Deimos (Miedo) y Fobos (Terror) -posiblemente sus hijos- le acompañaban en el campo de batalla. A diferencia de la diosa Atenea, que, como divinidad de la guerra, representaba la estrategia fría y la logística, Ares amaba el ardor y la gloria de la batalla en sí misma, y el desahogo exultante de su fuerza al desafiar a los enemigos.

Ares era, en muchos aspectos, un dios que no despertaba simpatías, porque se le asociaba con la lucha y con el derramamiento de sangre, y el Olímpico Zeus y Atenea le detestaban por su fuerza bruta y por su falta de finura. Pero Afrodita, diosa del amor, tenía diferentes gustos. Impresionada por el vigor del hermoso guerrero, al que sin duda comparaba con su repulsivo esposo Hefesto, dios del fuego, se enamoró de Ares. Muy pronto el sentimiento fue recíproco. Ares aprovechó sin escrúpulos la ausencia de Hefesto para deshonrar el lecho marital. Pero el marido descubrió el adulterio y planeó una venganza ingeniosa. Forjó en secreto una malla tan fina que no se podía ver, pero tan fuerte que no se podía romper. Colocó esta red encima de la cama donde los amantes solían retozar. Cuando la pareja volviera a hacer el amor y posteriormente se quedaran dormidos, la red invisible se extendería sobre ellos, y Hefesto llamaría a todos los dioses para que presenciaran la vergüenza de su esposa y de su amante. Pero el ardor de Ares no fue extinguido por su turbación y más tarde, de su unión con Afrodita, nació una hija, Armonía, cuya cualidad, como su nombre indica, era un armonioso equilibrio de amor y lucha.

A nivel interno, Ares, el conductor del Carro, es una imagen de los instintos agresivos guiados y dirigidos por la voluntad de la conciencia. Los caballos que tiran del Carro en direcciones opuestas son retratos de los impulsos animales que están en pugna dentro de nosotros, impulsos llenos de vitalidad y reacios todavía a trabajar en armonía. Deben ser manejados con fuerza y con firmeza, sin reprimirlos ni forzarlos, o perderemos el poder y la fuerza para defendernos en la vida y seguir nuestro camino. Ares, el dios sin padre, es en cierto aspecto una imagen de la agresividad natural y de los instintos competitivos del propio cuerpo, porque él carece del padre espiritual arquetípico que podía proporcionarle la visión y el significado. Pero su voluntad férrea y su gran valor son una dimensión necesaria de la forma de ser humano, porque la visión espiritual por sí sola no es suficiente para sobrevivir en un mundo competitivo y difícil.

Tras haber suscitado un conflicto como resultado de sus elecciones en amor, el Loco ha de enfrentarse ahora con la segunda gran lección de la vida: el aparato creativo de los violentos y turbulentos impulsos de la naturaleza instintiva. Por eso, a través de la figura de Ares, el conductor del Carro, llega a la madurez. En la carta de los Enamorados, el Loco es todavía un adolescente, impulsado por románticos sueños y por el deseo de poseer un objeto bonito. Pero a través del Carro aprende a hacerse responsable de sus acciones como un hombre, y afronta la cólera y el conflicto que ha generado tanto dentro como fuera de sí mismo.

Tarot Scapini
Como el Loco, nosotros –hombres y mujeres- tenemos que aprender a luchar con nuestros enemigos y con los impulsos guerreros que hay en nosotros mismos, si queremos sobrevivir en la jungla de la vida. En la mitología, Ares siempre se mete en líos, bien por una disputa enojosa con alguien, bien por la cruel persecución de un objeto amoroso. Pero él sobrevive a todas sus humillaciones y derrotas, y sale fortalecido. Por fin engendra una criatura que encarna la serenidad que se puede encontrar al final de un conflicto que ha sido llevado de forma creativa.

La lucha que Ares encarna es una experiencia necesaria. Aunque intentemos llegar a estar espiritualmente comprometidos o a amar generosamente, las tendencias agresivas que hay en nosotros no mueren. Pueden ser rechazadas y relegadas al subconsciente, donde vuelven a surgir como enfermedad o son proyectadas sobre otros que entonces desatan agresividad sobre nosotros. Pero si conseguimos hallar el reto de Ares, entonces podemos ser más honrados con esta fuerza vital que tenemos dentro, y la lucha por aprender a contenerla y dirigirla fomenta el desarrollo de toda la personalidad.

A nivel adivinatorio, cuando aparece al echar las cartas el Carro presagia conflicto y lucha que puede dar como resultado una personalidad más fuerte. Uno puede llegar a enfrentarse no solamente con la agresividad de los demás, sino con las tendencias competitivas y agresivas propias. Este conflicto no se puede evitar, sino que hay que afrontarlo con fuerza y con tesón. Por eso el Loco llega a la armonía aprendiendo a manejar sus propias contradicciones, y pasa del mundo de la adolescencia a la siguiente etapa de su camino”.

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